Yo y mi yo

Me considero un católico extraño y digo extraño, porque creo en el Ser pero a mi manera. No todos los curas me convencen con sus palabras a pesar que he tenido varios amigos con esta profesión y digo he tenido, porque ya han fallecido. Cuando tengo dudas busco en mi centro espiritual y le pregunto a mi Yo. Actúo según la sensación que siento y si no siento ninguna, no llevo a cabo lo que me proponía. Dando vueltas por este mundo he conocido varios países con religiones distintas, pero sus conceptos sobre la vida y la moral son muy diferentes entre sí. No obstante, en todas nos hablan de la reencarnación. No puedo escribir sobre éste aspecto dado que no soy ninguna autoridad en el tema. En el supuesto que nos reencarnemos no quisiera hacerlo en el planeta tierra. Quisiera nacer en un paraíso virginal como lo fue, según se dice, el Edén. Un mundo donde no existan ni políticos, ni fronteras, ni tampoco el ondear de banderas de ningún color. Un lugar donde el trabajo en común para todos se reparta, donde impere la paz y sea abundante el amor. Estamos viviendo en un mundo destrozado por los políticos, en el que los países fuertes arrodillan a los débiles. En el que unos gastan en armas y otros no tienen pan. No, no quiero volver a nacer en el planeta tierra. Quiero hacerlo en un Edén y, al nacer en él, hacerlo también con un dictado en mi Yo, para que nunca olvide, ni repita, los errores cometidos en mi vida anterior.

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Una crítica social necesaria

Tu visión del mundo actual es cruda pero certera. Los contrastes que mencionas son el núcleo del dolor humano contemporáneo.

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Muchas gracias por tu atención al leerme. Un abrazo.