Yo y la tarde. Solos, solos,
bajo el cielo, en la floresta.
Ella me da sus silencios.
Yo le digo mis poemas.
Vibra el alma… es esa hora
en que las fuentes desflecan
no sé que grandes olvidos,
no sé que antiguas leyendas…
Cuando las campanas suenan,
y es como un templo la tierra,
y las almas doloridas
religiosamente rezan.
Yo y la tarde. Mis ensueños
son para ella
como un puñado esparcido
de rutilantes luciérnagas.