Ya no quiero llover…

Ya no quiero llover, querida mía,
ni respirar tu nombre
mordiendo una espina.

Me niego a bañarme
en el río del olvido
con tu sangre
fluyendo en mis venas.

Ya no quiero, querida mía.
Arranca el tronco solitario
que sostiene esta alma terca
si así tanto lo quieres,
pero construye tu casa
pensando en mis ojos.

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Un poema que parece revelar la ternura del adiós y la lucha entre el olvido y el amor persistente.

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