Las violetas interactúan entre ellas mientras el aire las mece.
Reclaman empatía,
quieren hacerme libre;
aunque esté anclada en el lugar,
me dicen que baile
mientras atardece.
Sus hojas radicales
las hacen fuertes;
el púrpura, reflejado en mis pupilas,
suprime los males.
Parecen tímidas,
escondidas bajo sus grandes hojas,
pero con su reciedumbre
afrontan los inviernos,
y su pura esencia
aromatiza la existencia,
da igual la que escojas.
Una sola flor es poderosa,
pero miles de ellas juntas
te calman y te curan,
te invitan a comprender su danza.
Nacieron de la sangre de Atis,
de las lágrimas de los dioses,
y se quedaron en armonía perpetua
para hacerte violeta.
Eterna y libre,
delicada y tenaz,
sutilmente violeta.