Después de tanto andar por el sendero,
volví buscando el suelo de mi infancia;
pisando aquel camino lisonjero
que el tiempo borra en su gran distancia.
Ya no encontré la ruana ni el sombrero
ni el viejo hogar que guarda la sustancia;
qué triste fue mirar la calle fría
sin una sola luz que me sonría.
El tronco seco donde los abuelos
tejían risas con profunda calma,
se vuelve sombra y de esquivos vuelos
bajo el recuerdo que el dolor desalma.
Ya no se escuchan los santos anhelos
de tiples claros que alegraban el alma;
los arrieros y el paso de antaño
huyeron lejos de este cruel engaño.
El viejo cauce de los riachuelos
perdió el encanto de su voz sonora;
las guaduas verdes ya no alzan vuelos
ni el campo muestra la luz que enamora.
Hoy la nostalgia lacera mis desvelos
viendo la tierra que el olvido llora;
el paso noble se nos ha trocado
y el viejo pueblo ha dejado su prado.
En vez del rancho de paredes viejas
se alzan palacios de brillantes colores;
ya no resuenan las románticas quejas
de los pasillos ni de sus amores.
La patria chica que en el pecho dejas
cambia sus notas por extraños horrores;
todo el encanto de la tierra amada
se fue perdiendo en la distancia helada.