Hoy te saludo, vida.
Eres mi manantial.
Mis ojos no ven el vacío
de las dunas etéreas;
mis oídos no escuchan
las campanas que rompen
las puertas de la casa,
porque me reconfortas
si me pides silencio.
Eres fiel nacimiento
que abraza y que libera;
refugio en los inviernos
y me sostienes siempre
en medio de una dalia,
cuando los días tienen
ese dulce semblante
y el instante apacible
de la melancolía.