En ocasiones desearía huir no sólo de los demás, sino también de mi mismo y de los pensamientos que muchas veces me aturden. Pero no, nunca estoy solo del todo. Siempre hay algo dentro de mí, como si fuera un doble interior, que me retiene. Es este algo invisible al que puedo llamar de mil maneras: el yo, el alma, el consciente, la intuición, qué más da. Es esta llamita que nunca se apaga, es esta luz que he de buscar en los momentos oscuros que me doblegan. Es este algo que me acompaña, que percibe, que intuye, que avisa, y que también acusa. Si en silencio me recojo y hablo con mi yo, puedo encontrar una fuente inagotable de conocimientos y respuestas a muchas de las situaciones que considero insostenibles. Siempre que no hago caso a estas intuiciones, a la larga, lo pago con creces. Con ello no quiero decir que estas sensaciones sean sentidas por todos de igual manera. Cada persona es distinta a otra y sus sensibilidades también
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Esa llamita que describes también me quema a mí. Gracias por nombrarla. Cuando todo aturde, volver al silencio y escuchar a ese doble interior es lo único que no miente. No estamos solos del todo si aún nos queda ese diálogo.
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Hay que escucharla siempre!!!
Muy bonito relato !
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Conserva esa llamita, que no se apague…
Muy hermosa tu reflexión.![]()
Un abrazo fuerte! ![]()
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Gracias Edgart: Esta llamita nació con nosotros y el diálogo con ella lo tendremos siempre. Un abrazo.
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Muchas gracias Selene y sí, siempre la escucho. Un beso.
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Querida María: No se puede apagar nunca mientras pueda respirar. Un beso.
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