Tú poema me ha recordado la espera de Penélope. Un tiempo en el que se pierde el abrigo de la certidumbre y solamente queda, un clavo de esperanza al que poder asirse. Al final la soledad es la única compañía de quien cumple su propia condena interior.
Queramos o no, todos somos reos de nosotros mismos y nuestros fantasmas.