Un silencio ensordecedor

Ahora mi corazón se enamora de fantasmas y, sin avisarme, comienza a cabalgar aceleradamente.

Cuando veo el vestido,
de todas estas personas,
rozar en una tarde calurosa,
persiguiendo hojas de papel.

Como dos enamorados que no se han confesado, mis manos sudan a pesar de estar como hielos.

Llevando un jardín de gente:
pequeños que se creen edificios,
grandes que no saben mirar abajo;
luciérnagas mueren todos los días.

A Ramiro el agua se le llevó su casa. “Y a nadie le importó”, me dijo. Años de esfuerzo se los tragó el agua. No importa, él sabe que nada dura para siempre. De ahí sus cinco matrimonios.

Palabras hirientes como cuchillos,
esperan que yo muerda,
hace mucho perdí los dientes:
están enterrados en algún sostén.

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Un espectáculo ensordecedor que deslumbra, aplausos :clap: :raised_hands: :+1:

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Te felicito por esa capacidad de mezclar lo onírico con la realidad más áspera. Es una prosa con mucho “colmillo” (aunque digas que ya no los tienes).

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"Qué potente esa imagen final de los dientes y el sostén.

Una forma visceral de hablar sobre la vulnerabilidad y las batallas silenciosas que cargamos.

Un texto que se queda vibrando después de leerlo."

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Corazón que galopa entre fantasmas y contradicciones: sudor en manos de hielo, gente que es jardín y ruina a la vez. Ramiro lo dice todo, el agua se lleva casas, años, matrimonios. Nada dura. Y ya sin dientes, no muerdes los cuchillos que te lanzan. El texto duele porque está vivo: registra el absurdo con ternura cansada.

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