Un segundo sobre el viento

Un segundo sobre el viento, o una eternidad, no lo sé. Allí me llevaron tus dedos, resiguiéndome la espalda hasta posarse suavemente en mi desnuda nuca. Luego, tus eléctricos ojos penetraron los míos, cegándome de toda sombra, dotándome de todo brillo. Fue entonces cuando recobré la vista, cuando regresé a la vida.

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