En los años sesenta,
del pasado siglo,
cuando en la pobreza
aún rondaba el hambre,
fuiste madre.
Era un hambre tapada,
hambre que acosaba,
hambre jornalera,
negada por la autoridad,
un hambre que emigraba
a Barcelona, Francia, Alemania,
a tajos más prósperos.
Mi madre compraba en la tienda
de Miguel, cuatro plátanos,
un pequeño paquete de galletas,
y un cuartillo de azúcar.
Para cada hijo un plátano,
con una galleta y un pellizquito de azúcar,
triturado en un plato.
Ese era el nutritivo puré del pobre
en la dura lucha por el crecimiento.
Puro ingenio de madre
para sacar adelante a su camada,
puré con gotas de amor y desesperación
con el que saciaba hasta su propia hambre.
De aquel tiempo callado
hay tantas cosas no dichas,
tanta verdad que se ha olvidado
y parece que queda tan lejos,
que en ese silencio me preguntó:
si aquel dulzor que la madre nos metía
en la boca, algún día no regrese
y sea amargo.
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Precioso, sentido y tierno homenaje a tu madre.
Mi madre me decía que muchas veces comía mondas de patatas fritas en grasa de cerdo o merendaba un trozo de pan tostado, untado con manteca de cerdo y espolvoreado un poco de azúcar…las madres sacan de donde no hay, pero lo hacen.
Me gustó mucho tu poema. Saludos¡¡
Recuerdos de un tiempo callado. Me gustó mucho, José Antonio.
Me has traladado a aquella época de los años sesenta de mi infancia también. Recuerdo la emigración masiva de los hombres en el pueblecito extremeño en que nací, dejando atrás la familia… Yo fui afortunada porque mi padre no se fue, pero más tarde todos emigramos a la ciudad dejando atrás los recuerdos…
Las madres haciendo siempre milagros para subsistir…
Gracias por hacérnoslo recordar, de ahí venimos, nuestra generación.
Gracias. Y por compartir tus recuerdos, los de nuestras madres, que sacan del amor más inmenso la vida.
Saludos.
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Muchas gracias. Si callado, que aún habla bajito.
Saludos.
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Gracias amigo.
Un saludo.
Muchas gracias.
Un cordial saludo.
Si María, de ahí venimos.
Gracias a ti
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