UN JUEGO INOCENTE
La Muerte Victoriana y los Espejos
En la Era Victoriana, la muerte formaba parte de la vida doméstica. El difunto se velaba en su propia casa y, para que el alma del finado no permaneciera eternamente atrapada en los espejos, se cubría todos los de la casa, sin excepción con telas.
La Relevancia Espiritual de los Espejos
Los espejos siempre han tenido una gran relevancia espiritual en el mundo. Muchas culturas los han considerado el conductor esotérico por excelencia para sus prácticas de adivinación y hechizos de protección. Además, se les atribuye la capacidad de proporcionar acceso a otros planos de existencias, permitiendo incluso la comunicación con el más allá.
La Influencia Ancestral en las Supersticiones
No cabe duda de que el autoconocimiento heredado de nuestros ancestros ha jugado un papel muy importante en las supersticiones que aún hoy día se repiten de boca en boca. Así, no ha de extrañar que el arte, la pintura, la literatura o el cine (tanto clásico como moderno) hayan hecho suyas las historias de nuestros abuelos.
La Perspectiva Escéptica
Soy hijo del razonamiento más empírico, de un profesor de física agnóstico convencido y de una profesora de matemáticas disidente religiosa. Desde muy pequeño, y como hijo único, mis padres se han volcado en mi educación, haciendo de mí un hombre escéptico e independiente, donde la razón y las evidencias sustituyen las ideas recalcitrantes e impuestas por la tradición popular. Mi mente ahora está entrenada para valorar en su justa medida las evidencias y la razón por encima de la fe o la tradición.
El Inicio
No hace mucho que me reuní con un grupo de amigos en una vieja finca para celebrar la noche de San Juan. Habíamos preparado muy bien el encuentro, pidiendo favores o solicitando días de asuntos propios a nuestros jefes para poder pasar todos juntos unos días de festividad. La primera noche fue mágica; hacía tiempo que nuestras obligaciones no nos permitía estar juntos y la llegada de cada uno de nosotros era una juerga. Las chicas disfrutaban del buen tiempo en el exterior de la casa mientras nosotros atendíamos las labores domésticas.
La Propuesta
Las horas pasaban y con ellas el ambiente languidecía.
-¿Por qué no hacemos una sección de espiritismo o de adivinación? – dijo Julia.
-Ni hablar, yo no pienso despertar a ningún espíritu por muy bueno que este sea –contestó Martina rápidamente.
-Yo no pienso tocar una güija – dijo Miguel, apoyando a su mujer Martina.
-¿Quién habla de hacer una güija? –volvió a intervenir Julia.
-¿Entonces cómo lo vas a hacer, leyendo los pozos del café? – pregunto Paula, y todos rieron.
-Os equivocáis amargamente – se defendió Julia.
-¿Cómo entonces harás esa sesión de espiritismo de puertas abiertas al más allá? -preguntó Eduardo.
-¡Con espejos! –respondió categóricamente Julia.
-¡¿Con espejos?! –preguntamos muchos de los presentes al mismo tiempo.
-Sí –respondió Julia-. Desde siempre se ha creído que los espejos son portales que conectan el mundo físico con el espiritual.
-Un momento, ¿pretendes que nos sentemos alrededor de un espejo y comencemos a hacerle preguntas como lo hacía la bruja de Blancanieves? –dijo Francisco con una mueca burlona.
-Algo así. Cada uno de nosotros cojera el espejo y le hará una pregunta; luego se lo pasará a la persona señalada como médium, lo observará y después nos dirá lo primero que se le pase por la cabeza.
-Estas para ir al médico o para irte a la cama. ¡Muchas copas! –respondí burlonamente.
-El cuento de Blancanieves tiene según parece raíces históricas, solo que la versión que ha llegado hasta nosotros es la popular interpretación que hicieron los hermanos Grimm de la misma -señaló Julia.
-¿Y quién hará de médium?-preguntó Luisa.
-Lo echaremos a suerte – respondió Julia
-A mí me parece bien-dijo Paula.
Preparativos y Elección del Médium
Todos estuvimos de acuerdo e iniciamos los preparativos para la sección de espiritismo o lo que fuera aquello. Todos estábamos pasados de copas y aquella ocurrencia no me parecía que fuera a tener un final feliz. Tanto tiempo esperando reunirnos, haciendo planes, para terminar la primera noche todos enfrentados, me anunciaba mi mente crítica.
Julia recorrió uno por uno todos los cuartos del viejo edificio que habíamos alquilado para la ocasión y eligió el espejo más viejo que encontró para la ocasión. Entretanto, Rafael -otra integrante del grupo- escribía nuestros nombres y los introducía en una bolsa de plástico.
La masía era espaciosa y contaba con un salón amplio, con solera. En medio de una de las gruesas paredes de piedra vista, una gran chimenea proporcionaba calor toda la estancia; su techo ancestral descansaba sobre grandes y gruesas vigas de madera. Su decoración no salía de lo tradicional, reflejaba claramente lo rural que era a pesar de las mejoras que los dueños habían introducido para poder alquilarla a jóvenes como nosotros que, a pesar de no haber nacido en ningún pueblo, aman la serenidad y libertad que les proporciona.
Todo estaba preparado, las sillas junto a la chimenea y todos sentados menos Paula, quien nos daba el turno de sacar nuestra papeleta. La ronda tardó un poco en completarse entre ocurrencias y preguntas hasta que, de pronto, Julia saltó literalmente de la silla:
-¡Me tocó! -dijo blandiendo una papeleta en blanco. Esa era la señal acordada para ocupar el puesto de médium.
La predicción inquietante de Julia
En contra de lo esperado por mí, trascurría la sección animadamente sin incidentes de importancias. El silencio solo era roto por las risas, genialidades, y las locas predicciones de Julia. El espejo pasaba de mano en manos y nos mirábamos en él esperando que la respuesta de Julia a nuestras preguntas siguieran siendo tan disparatadas como hasta el momento. A la segunda ronda algo cambió, la estancia se tornó helada a pesar del fuego de la chimenea y una atmósfera cargada de electricidad pasó a dominar el ambiente. Julia estaba pálida, parecía en trance, y a la pregunta de Rafael:
-¿Quién tiene el pelo más hermoso? -preguntó con ironía, pues gozaba de una calvicie insipiente.
-Mañana alguien de los presentes en esta sala morirá -contesto Julia sin pestañear.
-Julia, te has pasado de graciosa -le recriminaron Luisa y Rafael casi al mismo tiempo.
-Mañana alguien morirá -volvió a repetir con sus ojos fijos en el espejo, sin oír el malestar que había ocasionado sus palabras.
-¡Se acabó! Estamos todos muy bebidos. Mañana será otro día -dijo Eduardo, marido de Paula, quitándole el espejo de las manos a Julia para evitar que sus desafortunadas palabras rompieran con la buena armonía que había reinado hasta entonces.
La Trágica Confirmación
Llegó la mañana y aun la resaca del brusco final de la noche impregnaban el ánimo de los presentes. Desayunamos prácticamente en silencio. Poco a poco el ambiente se serenó y las chicas volvieron a ser las mismas, dejando atrás las últimas palabras de Julia.
-¿Quién puede ir a por arroz al pueblo? -preguntó Rafael.
-Yo -dijo Julia –. Me vendrá bien dar un paseo.
Poco después, la guardia civil llamaba a nuestra puerta para decirnos que nuestra amiga había tenido un accidente mortal muy cerca.
-¿Están ustedes seguro de que se trata de nuestra amiga? -pregunté esperando que no fuera cierto.
-Sí, el guarda de la finca que venía hacia aquí vio su coche volcado en la cuneta y nos avisó.
Mi interior se contorsionó y la parte de mi mente más racional se desmoronó.
FIN
Fernando Giraldo