Ya el amanecer San Miguel
pinta el horizonte
en su lienzo grisáceo
con su paleta de ocres,
amarillos, naranja, rojos,
alfombrando el verde mustio
de las laderas, de las sendas
mientras el sirimiri
humedece recuerdos marchitos
perdidos en la ciudad
de la memoria,
haciendo que los poemas
se vistan de otoño…
mientras,
las palabras del poeta
se desnudan,
cayendo su ropaje
sobre la mustia espesura
de estriada hojarasca,
que brotan de su alma
queriendo atrapar
esa luz de otoño
que da color
a esos espacios
sin final,
a esos paréntesis
vacíos,
de un escritor,
de un poeta,
que sueña
una vida
que se encienda.
No es una de mis virtudes analizar los textos, es por lo que no me prodigo en tal menester, pero con este poema tuyo quiero hacer una pequeña excepción. Me gusta como el poema expone el paisaje visual del otoño y como este se interioriza, brotando en la parte segunda del poema la influencia de este en el del interior del autor, como se mimetizan los dos en uno. Esta es mi experiencia con el poema, y como todos los buenos poemas - este lo es- deja en el lector la posibilidad de su propia recreación. Un placer leerte.
Buenas noches, amigo.
¡Qué poema tan hermoso y evocador! La forma en que unes el amanecer otoñal con el proceso creativo es sencillamente brillante. ¡Felicidades al poeta!
Un abrazo.