Bebí un último trago hace más de una década,
pero despierto borracho cada vez que te sueño,
como un navegante convertido en cerdo
en el patio de la hechicera
después de naufragar errante entre tormentas.
Si al caminar por la avenida te pienso
mi cuerpo se tambalea y siento necesidad de apoyarme
para controlar tu recuerdo al lastimarme la garganta,
como un trago de aguardiente
o algún derivado de naturaleza industrial
que consumía hacia el final de mis días de bebedor.
Nos amábamos entonces sobre un cartón
bajo un alero
vos a mi lado en la memoria,
embriagado de tu aroma,
cargando cicatrices como botines de guerra.
Brindábamos por tu ausencia
junto a los fantasmas azules,
habitantes de la borrachera
ardiendo desde entonces,
alejado del licor y de tu aliento.
La sobriedad no existe cuando se ama
solamente dejamos de beber.
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Profundos versos
buen fin de semana