Tras

En ese presbiterio, de muro desolado
En la piedad ferviente, por tiniebla cristiana
En gran secreto oscuro, tras la clausa persiana
El voto de castidad resultaba olvidado.

Sin riesgo de castigo, a su vicio entregado
Un buen padre probaba la carne inmaculada
Tan inocente, ingenua, protegida por nada.
Pues violaba a la infancia, su objeto desnudado.

Clamando, sin vergüenza, su discurso insidioso
A su dios invocaba, en la siguiente misa.
El prelado informado quedaba imperturbable

Niño martirizado, perpetuamente ansioso
Él soportará su cruz, con el alma sumisa.
Despreocupación muerta, y silencio culpable.

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Hermoso soneto tetradecasílabo, con bonitas imágenes.

Feliz día¡¡

Nota: los versos 7 y 11, que deberían rimar en rima consonante, no lo hacen. Supongo que ha sido un lapsus.
A su dios invocaba, en la siguiente m-isa
Niño martirizado, del suplicio la pr-esa

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Gracias @horten67 por haber notado este defecto, acabo de corregirlo.
Espero que el contenido te haya gustado a pesar de esta imperfección.
Que tengas un buen día.

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Como ya te dije en el comentario, el Soneto es precioso:

¡Saludos, un abrazo!

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“… perpetuamente ansioso”, qué imagen. Tan fuego la naturaleza, tan fría, también.
¡Excelente!. Gracias por compartir.

Muy triste y bello a la vez. Cuántas cruces se cargan bajo el nombre de Dios. Un gusto leerte. Saludos cordiales.