En tus ojos está
el epicentro de mis temblores.
Tu cuerpo y mi cuerpo
son placas de tierra
que se encuentran provocando
movimientos repentinos y explosivos.
Eres energía acumulada en el tiempo
que se libera de manera febril
produciendo terremotos indetenibles.
Mi ser se estremece,
sin poder mantenerse en pie
entregándose a tu destino.
Naturaleza implacable
que reclama su espacio
que retoma cada grano de mi tierra
reordenándolo para rehacer mi geografía
Y después de ese sismo que eres tú
cuando te aplacas y descansas
mientras acumulas aguas
se desprenden tus besos sobre mi piel
y las huellas de tus dedos brillan
a la luz de mi deseo.
Tu maremoto me inunda,
me invade por completo
haciendo que mis manos
vuelen locas a acariciar
las hebras castañas
de la cima de tu ser,
tus cabellos rizados
hechos de dulzura
y brillo estelar.
Mi estremecimiento
se vuelve a tus ojos telúricos
que envian ondas penetrantes
con solo mirarme.
Y allí ante el destello
de tus ojos boreales
descubro que el mundo
está hecho desde tu raíz y tu magma,
que eres lava que consume y edifica
y vive para siempre en mi universo.