Surrealismo al asar

De la flor, un consuelo: parte un rayo y obedece al rey y la reina, pero no es de nadie el canto de los hombres,
sino las quimeras
ardidas en las calles.

(Tambores suenan)

Margaret, te he visto,
dime si sueñas que la luna no es una persona que olvide; nadie sabe si hay dioses,
pero sí miseria y hambre,
ah… cuánta penumbra ronda, y
felicidades, valientes: para vivir la vida hace falta morir y renacer en el mismo juego de azar y de memoria.

(Cesan los tambores, y el ruido no existe)

Se escapó tras un amor o regresó desnudo y sordo; tanta carisma y poca gracia que usa sus pies para caminar,
articula sus pasos y se sumerge en una neblina
compacta y ruda, casi penumbra aquietada,
la mitad de un rostro y la moneda en el bolsillo
un libro maestro y unas llaves que abren todas las puertas
del mundo.

Alma, ven, te lo ruego, en el universo donde has sido y serás todos los átomos que existen y existirán,
es la prisa o la brevedad, el cuento o la verdad, las obras eternas de la humanidad que gustosas son de aprender ante tanta inmensidad.
Soy solo mente, y entre la luz que filtran todos los soles y galaxias, todo se detiene y se crea mil veces más,
bajo un árbol la nada puede ensordecer,
no hay paisaje que ampare la soledad,
sin beatitud que admirar; pues los ojos cerrados tienes,
ábrelos y observa que ahora todo
es tan hermoso como siempre lo ha sido

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