Suicidio

La pobreza mata,
el hambre llora,
se envió el amor al cadalso eterno.
La muerte mustia, tosigando ríe,
al vacío inerte,
a la soledad perversa.

¡Qué pena da la vida!,
el pésame tardío…
la cruel indiferencia
ante tanto desvarío.
Escuálida camina,
la trasnochadora funesta,
atrae vidas,
susurra muerte.
Pensamientos fulminantes
de palpitante infarto,
desgarran el alma,
arrasan el todo.

La concha humana que ennegrece el cielo,
encuentra descanso en el exterminio,
inspira hondo al salto aniquilante:
de ceguera,
de encierro,
de pavor y delirio
y se esfuma la vida,
dando el último suspiro.

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