Sosiego
Torbellino de ideas revolotean el pensar
agotan y reflejan un mar en turbulencia.
Lucha desesperada por alcanzar velocidad,
obligan la llegada de oscuras tempestades
Se recrea pensando gratamente
la rutina que lo ha de mantener.
Luego muy despacio intenta recordar
pero el olvido no alcanza a refrescar.
Y es que su cabeza con raíces profundas
Sabe que la quietud alcanza la grandeza
y captura la esencia del vivir resiliente
para teñir de violeta los últimos suspiros.
Pasos lentos que encofran sabiduría ,
que buscan con certezas los tesoros,
y lo encuentran en el olor a verde tierno,
en el amanecer que lo cubre de rocío.
Vibra al son del violín más delicado.
Hace coro con los gorriones libres.
Baja las estrellas y adorna su corona.
Comenta a las luciérnagas sus lisonjas.
Aprendió que la prisa trae hastío,
que rompe el alma florecida.
Aceptó que el apuro es tormentoso,
e impide canjear dolores por pasiones.
Despacio y muy despacio camina,
porque la prisa ya no lo apura.
Solo vive para sonreír al viento,
coquetear con el tiempo cada día.
Sabe por la suma de lunas disfrutadas,
que puede entretejer cabellos con jazmines,
soborear los placeres que calman ansiedades
y saciar ávidos deseos en el sueño vespertino.
La quietud recoge la cosecha de paz.
Lentitud brinda el cóctel de mil sabores.
Ambas acercan la plenitud al reconocer,
el valor de lo hermoso y lo supremo.