Cada cual en su casa
y Dios en la de todos, compañero,
porque quien disimule su rasero
con mentiras piadosas nunca verá quien pasa.
Y seguro que pronto la verdad le rebasa
pues aunque esté debajo del ropero,
pronto sabrá meter con buen salero
sus manos en la masa.
Así que quienes meten sus narices
sin que medie un respeto tal vez en casa ajena
mejor se dé también la vuelta pronto,
si curar no quisiera nunca sus cicatrices
tumbado boca arriba por la arena
mereciendo sin duda que le acusen de tonto.