“La envidia y los celos son las partes privadas del alma humana”,
Friedrich Wilhelm Nietzsche.
SOMBRÍOS PENSAMIENTOS
El peso de la culpa
Mientras tiraba de un bulto inerte, manchado de un púrpura gelatinoso, se decía: “Ha sido un accidente… Yo no quise hacerle daño… ha sido un accidente”. Paró unos instantes, se buscó en los bolsillos hasta encontrar un pañuelo con el que secarse la cara, ahora desencajada, por el miedo y fatídico encuentro que había tenido lugar hacía tan sólo unos minutos a la entrada de la casa. Después de secarse el sudor que brotaba abundantemente de su frente y manos, volvió a mascullar: “Nadie me creerá… nadie me dará la oportunidad de explicarme; todos hablarán de lo mal que nos llevábamos, de la rabia que despertaba en mí”. Cuando terminó, hizo una bola del pañuelo, se lo guardó, y continuo con su fúnebre marcha.
La desesperación y el miedo ponía música a sus pasos acompasados y torpes. La conciencia le ahogaba con la imagen de un cuerpo roto sobre el asfalto. El pecho le subía y bajaba mientras resoplaba por el terror que le infundía la carga: “Tengo que dejar de fumar”- se mintió a sí mismo-, y así continuó su marcha hacia el baño tirando a duras penas del amortajado bulto.
Una noche inquietante
La luna comenzaba a dar sus primeros pasos. El silencio hería sus oídos y las alarmas disparaban su corazón a un ritmo sobre humano. Volvió a pararse y, en esta ocasión, se secó la frente con las mangas de su chaqueta. El sudor le quemaba los ojos y el tiempo apremiaba, pero sus fuerzas eran bastante limitadas, invitándole a pararse una y otra vez.
Una hebra de luz escudriñaba el interior de la casa, recorriendo estancia por estancia hasta llegar a un largo pasillo. Allí, sus “ojos” se posaron en una escena que parecía sacada de otros tiempos… tiempos en que la vida era menospreciada y arrojada a fosas comunes para que las alimañas o el fuego se alimentaran de ellas.
La noche tocaba insistente a su puerta como testigo mudo. La fibra de luz plateada, que parecía provenir de un viejo candil sin fuerzas, ahora, con la vigorosidad que le infundía su hermana mayor, la luna, no solamente disponía del arrojo, sino también del exacerbado empeño de seguir sus pasos.
La imaginación
Los minutos pasaban y más pronto que tarde, el dueño de la casa llegaría exigiendo su cena. La ensombrecida carga cada vez parecía más grande, más pesada, pero la realidad era otra bien distinta: la imaginación provocada por el horror y la repugnancia, hacían en su cabeza un escultural trabajo elevándolo al delirio.
Retrato de un hombre atormentado
Juan, que así se llamaba nuestro personaje, era un hombre de tez blanquecina, severamente delgado. Su cuello era tan largo como el de una jirafa, donde destacaba por méritos propios su nuez, que se movía nerviosa de abajo arriba y de arriba abajo, tragando saliva con una enorme dificultad.
Un respiro
Una vez más, necesitaba parar. Pero en esta ocasión no sólo le bastaría con tomar una nueva bocanada de aire fresco, sino también un buen reconstituyente. Un trago de coñac sería lo mejor para levantarle el ánimo, recuperar fuerzas y ordenar las ideas que comenzaban a rebotar dentro su cabeza.
Soltó la silueta amortajada que arrastraba y sacó de su chaqueta la vieja petaca de metal que siempre le acompañaba. Tomó un lago trago, produciendo en él una posesión demoníaca y gutural, más de animal que humana. Una vez más volvió a lamentarse: “Nunca quise hacerle daño … no soy un asesino, fue un accidente, apareció de repente; si él no se hubiese abalanzado sobre mi coche, no habría ocurrido nada … Lo siento mucho … pero lo ocurrido no tiene vuelta atrás, ya nada le devolverá la vida”. Y pensando en una salida, continuó con su sobrehumano esfuerzo, avanzado poco a poco mientras miraba a su alrededor, asegurándose que nadie fuera testigo del fantasmal momento. Las agujas del reloj giraban a una velocidad desacostumbrada, pronto el dueño de la finca llegaría con sus exigencias: “¡¿Está la cena?! ” - grito imitándolo. Juan lo contemplaba como un hombre déspota, arrogante y engreído que no había amado jamás a nadie, salvo a su fiel Rocky, un bulldog inglés al que él odiaba con todas sus fuerzas.
El rencor
Don Román -su jefe- se vanagloriaba de sus conquistas y sus éxitos empresariales que anualmente le reportaban buenos dividendos, permitiéndole vivir desahogadamente de la renta que le producía sus numerosas inversiones tecnológicas, alquileres y eléctricas. Lo cierto era que sí, era inmensamente rico, pero no por su trabajo; nunca había trabajado. Fue su padre quien lo dejo con la billetera bien llena y Juan lo sabía bien. Y lo odiaba por ello.
El destino
Él siempre había estado al servicio de su padre, un hombre hecho a sí mismo que
tenía un excelente ojo para ver oportunidades donde otros ni sospechaban. Así, él también sería un señorito vividor, fanfarrón, déspota…, ¡a saber cuantas cosas más! Pero Juan tenía que conformarse con un nacimiento desgraciado, sin fortuna, sin suerte. ¿A dónde iba a ir ahora con su edad? A veces fantaseaba con ser inmensamente rico, pero sus sueños duraban poco, sólo necesitaba abrir los ojos para que la realidad lo despertara, sin aplausos ni ceremonias a la más cruda de las realidades. Era lo que era: un hombre mayor atado a un destino que no había sabido domesticar.
La venganza
Después de tanto esfuerzo, un cuerpo yacía en el interior de la bañera. Sombríos pensamientos comenzaron a rondarle la cabeza. “¿Habría llegado su momento?”, se preguntaba. “¡Se las iba a hacer pagar de una vez por todas!”. Enfebrecido, comenzó a trabajar.
El regreso de Don Ramón
Poco tiempo después, llegaba Don Ramón.
-Juan, ¿has visto a Rocky?
-No, Don Ramón.
-Me ha extrañado que no saliera a recibirme.
-Ya le conoce, estará jugando por ahí - con las dudas que reflejaba su rostro, siguió a Juan hasta el salón. Allí se sentó y puso la televisión.
-Voy a preparar la cena – dijo Juan.
-No te des mucha prisa, a ver si aparece Rocky. Sabes que me gusta tenerlo cerca cuando estoy en casa.
-No se preocupe – respondió con un brillo en los ojos.
-¿Qué hay para comer?
-Carne, Don Ramón.
Fin
Fernando Giraldo 14/06/2025