Solo solín solito,
solito grito con hipo al río;
vivo y sigo al indio mirlo,
repito su trino: hipo hilo,
me hinco, con el hilo me hinco,
¡Ay!, me hinco,
al islote de cañas no he de dar.
Al frío molino, vacío repentino,
rico vino que brinda el vecino
compadre que dice:
“¡si vivimos latinos, nacimos latinos!
¡Jirolei, Jirolai! ¡Áyayayayai!”
“Compadre, compadrito, ¿y las bielas?” le digo,
“ay mi yunta cómo le explico” me dice,
“qué me revienta la vejiga” y no y no,
“¿cómo es eso paisa?” le digo a éste,
“¡qué me nieguen las tierras, pero no la cerveza!” le replico,
“usted será gallo, pero yo ya nací sabido” me dijo, éste cretino,
“mejor me voy” le digo y,
“aprenda a compartir la botella”
le humillo, y sí que le ha de haber dolido.
Y así,
solo solín, que me muero solito,
solito grito auxilio al hijo del río,
me persigno, rápido me persigno,
¡ay que me equivoqué,
que ese no era el orden ni el ritmo!
ay que me hinco al filo,
el filo: ese río,
el río que me ha de destapar,
ah… al menos seré sabor nacional…