…¡qué vértigo!, sofoco, se va a dar cuenta de que me tiemblan las manos, no se adonde mirar, debo de parecerle estúpida pero no creo que deba llegar a tanto la primera vez, no, se acerca, sudor frío, y esta mano que me delata, ¡dichosos nervios!, ojos azules, pelos en la nariz, cada vez más cerca, ¿qué hago?, ¿boca o mejilla?, labios resecos, aliento a coñac y tabaco, debe de ser mayor que yo, su mano en mi cintura, tiemblo, no quiero, no quiero, sus ojos de lobo me miran ansiosos, está esperando que separe los labios, no se va a conformar con una sonrisa, ¡maldito autobús que no llega!, me va a tocar el pecho, como lo haga se la gana, ardo, ¿qué piensa? ¿por qué no dice nada?, sólo me mira, tal vez ve una cara demasiado vieja, el también parecía otra cosa en la discoteca, pero es un hombre, quizá el primero que me toca así en tres años, debemos de parecer una ridícula pareja de tortolitos aquí sentados, se mueve, ¡mejilla!, no, sus labios se aprietan contra mi cuello, su lengua es una humedad viscosa que me quema, soy una antorcha con los pies helados, sí quiero, su fiebre me rodea, ¡mi pecho!…
— Tranquila, cariño, estás muy tensa.
— Vas muy deprisa para mi, yo no estoy acostumbrada a esto. Así, sin más, así no.
— Yo pensé… En el baile te movías muy bien, nos compenetrábamos ¿eh? Entre nosotros hay feeling, hay buenas vibraciones. Somos dos adultos que se han conocido y se han gustado. Ya sabemos de que va: no somos unos niños. Tampoco tenemos demasiado tiempo como para perderlo.
… eso se lo debe decir a todas, tiene pinta de mujeriego, es resultón, no es gran cosa, pero tiene cierta gracia y que bien habla, no debo escucharlo, yo sé lo que anda buscando…
— Te entiendo, disculpa si no estoy a tu altura, si no soy el tipo de mujer que tú pensabas. Pero yo necesito un poco más de tiempo. Lo he pasado muy bien. Y ni siquiera echo en falta a mis amigas. Estoy a gusto contigo. ¿Qué más quieres que te diga? Eres un hombre encantador, pero vayamos más despacio. Por favor, entiéndeme tú a mi.
— ¿Tienes miedo? Crees que soy un monstruo o algo así, seguro. Pero te equivocas, aquí dentro hay un corazón sensible, y lo has tocado de lleno. Desde que te vi sentada entre las momias de tus amigas lo supe. Brillabas, nena, entre aquellos expositores de cosmética y bisutería.
…quisiera poder creerle, saber que habla su corazón y que sus labios no recitan una lección depurada en mil amores de una noche, pero no, no puedo…
— No, no insistas. Cuando llegue el autobús me iré y, si quieres, nos vemos otro día.
— No seas así, mujer, aprovechemos la noche. Vente a mi casa. Podemos tomar una copa y hablar, sólo hablar, pero no rompas ahora la magia. O, si lo prefieres, vamos a tu casa…
— No, en mi casa no… Están los chicos y no puede ser. No insistas. Dame tu teléfono y yo te llamo un día de estos: mañana, si quieres.
— Está bien, mujer, está bien. Toma mi tarjeta. Pero llámame, ¿eh?, no te olvides. Mira, por ahí viene el autobús. Dame un besito, al menos.
— Mañana.
— Ve con cuidado. Esperaré junto al teléfono todo el día. ¡Llámame!
…payasos, cuando quieren algo son capaces de prometer la luna, piensan con el rabo, y este estaba harto de pensar esta noche, dios santo, ¡que asqueroso!, …si fuera este…, ¿y si hubiera una posibilidad?, aunque sólo fuese una, pero no…, ¿y aquellas? me han dejado sola ante el peligro, ¡vaya amigas!, se han escabullido a la primera de cambio, furcias, ellas ya debían de saber por qué hemos venido aquí, tal vez ya tenían sus maromos a punto, van a por todas, o mejor dicho, a por todos, ¿que les diré?, porque querrán saber, sobre todo Marta, esa es una celestina, les diré la verdad…, no, ellas quieren cómplices, no aguafiestas, no…, cómo me gusta ver la ciudad iluminada de noche…, les diré que estuvimos paseando y yo estaba predispuesta pero él era algo tímido y no intentó nada, ¿se lo creerán?, no se lo van a creer, esas quieren pruebas, tallas, medidas, tiempos, ¿y ellas?, van a buscar sexo como los drogadictos a los camellos, aunque esto es gratis, bueno, si es verdad lo que luego cuentan…, aún huelo su aliento en la cara, desasosiego, y su saliva seca en el cuello, ¡que asco!, en fin, al menos me dio la tarjeta, no pienso llamarle, ¿o tal vez sí?, cada día es más terrible la soledad, pero no… ese olor a coñac lo delata…, que linda han dejado la plaza, aquí nos traía padre de chicos, ¡cuanto tiempo!.., pobre gente, durmiendo al raso, que pena, arreglan las plazas y son incapaces de arreglarle la vida a esta pobre gente…, otra parada, no se a santo de qué tantas paradas, si no hay nadie a estas horas, semáforo rojo, calle muerta, pobres hombres los del servicio de limpieza, la vida es dura para algunos…, sí sube alguien, esta vez sí, ¡caramba!, la putita del tercero, míratela…, qué falda, qué zapatones, el ombligo desnudo…, si una tuviese ese cuerpo, y sus años, lo principal son los años, ¿o no?.., y la educación, si una fuese más atrevida, más resultona, más moderna…, no te engañes ¡estúpida mujer!, no son sólo los años, ni el cuerpo, ni la educación…, otra vida, si una volviese a nacer de nuevo…, viene hacia aquí, míratela, habrá que decir algo…
— Buenas noches, señora Sole. ¿Qué, para casa?
— Hola, bonita, tarde te recoges hoy…
— Vengo de la despedida de soltera de la Mati, ¿sabe?, la del mercado.
— Di que sí, bonita, hay que aprovechar la vida, divertirse. Nunca se sabe cuando se nos puede acabar… la libertad.
…bonita, si se viera con mis ojos…, esta sí que se habría abierto de piernas, ¿y yo, por qué no?, tonta, era yo quien tenía la oportunidad…, y las ganas…, sofoco, vértigo, este trasto va muy rápido, desasosiego…, sólo tenía que dejarme llevar, ¿qué de malo me podía pasar?, que me quedase preñada, ¡ja!
— ¿Decía, señora Sole?
— Nada, bonita, nada. Me acordaba de alguien…
…¿y qué de bueno?, acaso ya no merezca la pena, yo quería que él me amase a los treinta, ni eso, que me quisiese, a poco sólo que me respetase, ahora ya no sería lo mismo, otro cuerpo, otras manos, otra piel, otro aliento susurrándote lascivo, otra violencia…, ¡ya hubo bastante!, …pero…, a pesar de todo, queda la ausencia, el silencio del dormitorio abrigando la pena, la cama vacía, el roce hiriente de las sábanas frías, las noches en vilo imaginando mil posibilidades estériles, ¡ay! voy a llorar…, no, no debo dejar que la pena se asome a los ojos, aún no, que ella no me vea, resiste Soledad, pronto llegarás a tu infierno, allí podrás…, estériles, como él, ¿o tal vez yo?, que más da…, estéril la vida, mi vida, no hubo otra…, míratela, que pelo de oro más bonito, a esa edad quizá yo pensaba como ella, o tal vez a esa edad no se piensa, la juventud nos hace inmortales, infinitos, una vida por delante, oro bonito, oro, el tiempo es oro y si no lo usas se vuelve mierda, mierda dorada infinita…, sus labios resecos, aliento a coñac y tabaco, un hombre, jamás tan cerca, tan real, tan posible… ¡qué pasa!, ah, ya hemos llegado, míratela, qué nalgas turgentes y qué piernas de seda, y qué zapatones, ¡por dios!..
— Va para su casa, ¿no?, señora Sole. La acompaño.
— Sí, bonita, ya es hora… —…idiota, ahora podría estar en la gloria, o tal vez aún más hundida en la ciénaga, mujer vieja, mujer idiota…
— ¿Tal vez fue, usted, al cine?
…putita entrometida, ¿acaso quiere que le confiese donde está el cementerio de elefantes? ¿adónde van a dar sus últimos coletazos las ilusiones como ballenas varadas que se dejó atrás la marea?..
— Fui al cine con unas amigas, y luego fuimos a tomar una copita. Bueno, ellas, que yo sólo tomo café, y poco.
— ¿Qué fue a ver?
— Una de esas románticas, ya ni me acuerdo del título… Lo típico: un hombre y una mujer, se quieren pero su amor es un amor imposible, una fatalidad…, muchas lágrimas. Esas películas son para llorar a moco tendido. Un mar de lágrimas, bonita.
— ¿No será la del Titanic? Ahí hay agua por un tubo.
…eso, yo en un mar de lágrimas, ahogada de pena, de esa pena salada que ahora se me asoma a los ojos…, no llores, tonta, que ella no te vea…
— Debe de ser esa, porque solo de nombrarla se me saltan las lágrimas, que pena… Mira, ya hemos llegado. Anda, yo me quedo aquí, bonita. Dales recuerdos a tus padres.
…noche ciega buscando el frío hierro, tengo que comprar otro bolso, no llores, tonta, o no verás la cerradura…, ¿y por qué no?, no, no, que él no lo sepa, aún no, frío hierro que penetra en la puerta, que chirría quejumbrosa como el llanto de mi alma, frío en el corazón, se cierra el portón como la losa que sella la tumba, miedo, quiero luz, pronto, la luz, el pasillo se hace interminable, al fondo a la derecha, el dormitorio es una nevera, tendré que ir encendiendo la calefacción, ya es tiempo, la cama vacía, demasiado grande, siempre fría… ¿dónde dejé la botella?, la boca reseca, ¿dónde?, los pies fríos duelen, ¿dónde?, si se acabó hay más en la cocina o en la salita o…, ¡no hace falta!, aquí está, ¿cómo se me habrá ocurrido meterla en el zapatero?, mujer loca…, ven aquí amiguita, quieres que te bese, ¿eh?, que te chupe la vida, así…, cálido sosiego, ya se respira, el alma calentita, un poquito más, quieres que te quiera, ¿eh?, dame tu sangre y tu fuerza, pequeña amiga larguirucha color de caramelo, bendíceme con tu fuego, dame fuerzas, así, ahora uno largo, con lengua, ¿eh?, no, no te derrames, con cuidado…, mira mis manos, botella, firmes…, sobra el abrigo, sobra la ropa…, no, aquí no, vamos con él, ¿vamos?, tú y yo se lo contaremos, vamos, vamos a verlo, ven, mi niña, vamos a decírselo…
— Hola, marido, que serio estás. Ahí, clavado en la pared, enmarcado, para que no te escapes… Mira quién está conmigo, mírala, doce años, ¡ja!, donde tú estás no tenéis de estas, digo yo… Qué calor hace… Míra como la beso, como moja mis labios y me acaricia el escote, como baja con su lengua de fuego frío hasta mi vientre. Tú me enseñaste a quererla…
…debe ser patético, una cincuentona hablándole a un cuadro, ¿y quién lo va a saber?, ¡qué se jodan!, antes jamás podía hablarle…, ahora no se me puede escapar, ni negarse, ¡ahí!, clavado…
— Hoy lo hice otra vez. Mira su tarjeta, mírala. La pondremos aquí, en la cajita, con las otras. Mira cuantas, de todos los colores, de todos los tamaños, cada una es un hombre hiriendo tu memoria. Lo hice otra vez, ¡sí!, y no lo siento. Todo un caballero, en la calle. Porque luego estuvimos en su casa y allí se trasformó en un sinvergüenza. ¡Qué hombre! Empezó a desnudarme, así, ¡mírame!. Me arrancó la blusa con un tacto implacable. Su boca recorría mi cuello, mientras sus manos expertas me quitaban la ropa con una caricia. Se entretuvo el tiempo necesario en mis pechos, así, ¡mírame!, y yo le excitaba, y descendió para adorar mi vientre, cálido, pausado… —ven pequeña, un besito, necesito tu fuego, ven— …y siguió con mi sexo, así, lentamente, dulce tortura, así. ¡Mírame, cerdo! A ti te enterramos, y yo creía que me quedaría muerta, vacía y seca. Pero no, mira mi cuerpo, aún vive, y nunca más será para ti… —dame más fuerza, pequeña, dame fuerzas— ¡Mírame! Aún estoy viva. El hombre me tomó, con ansia, con pasión. “Eres preciosa”, dijo, y me hizo gozar como tú jamás supiste.
…tengo que decírselo, una vez más, tiene que saber que todos lo conocen, que el remordimiento lo perseguirá en la tumba, tengo que decírselo…
— Y luego me dio la vuelta, y siguió dentro de mí, besándome en la nuca, amándome como un hombre, con cariño, con dulzura, con respeto… —¡díselo, mujer cobarde, díselo!— Y vio mi espalda… —ven botella, ven, ayúdame— … y me preguntó, me dijo, horrorizado quiso saber qué son estas cicatrices. ¡Míralas, cerdo, míralas! —…botella, quema mi pena, botella, baña mis labios resecos con tus besos…— Y yo le hablé de un mal hombre, y de una correa; de un mal hombre que reventó agarrado a una botella.
…ya la pena me llenó de sal los ojos, la nausea me arrebata el sentido, el vértigo me arroja al suelo, prisionera de este cuerpo herido que se seca poco a poco, lentamente…, con ansia espero la muerte, pero es más paciente que él, era menos doloroso aguantar sus palizas que soportar la espera…, botella mátame a mi también, ven…
— Marido, no creas que estoy llorando de pena, no. Soy feliz y lloro de alegría, de la alegría de saber que un día te fuiste y me hiciste libre.
…ven, pequeño corazón de cristal ambarino, ya estás tan vacía como yo, triste y turbio espejo que reflejas mi cara gastada, llévame de tu mano por la negra soledad de la noche…, Soledad, ¡qué vértigo!..
Soledad
© Joan Kunz, 2025