Con los platos sucios en la mesa,
la ropa usada bajo la silla y sin lavar,
los libros desordenados
y la casa sin ventilar,
la quietud de mis recodos y mis meandros
es total en este otoño.
Este cuerpo mío ya no es baile ni es cielo ni es nada.
Inquietud.
Quietud manca, sin sosiego.
Está todo patas arriba y todo es invierno insolente en este otoño.
Tras el cristal empañado del caos,
la vejez de mis huesos viejos
danza sin resuello para mí.
Y mi sosiego no tiene manos…
©Rosa Galdona