Sin palabras

Me he quedado sin palabras.
El horror las ha borrado todas.

Mi garganta está reseca;

ya solo me quedan miradas

gimiendo desde la distancia

la tragedia que no cesa,

el crimen que no se detendrá

hasta que nada quede.

Solo acierto a ver niños

con metralla en el corazón

y balas de odio en la cabeza,

clamando a voz en grito

que maten su hambruna

con granadas de pan,

que empapen sus bocas sedientas

con misiles chorreando agua.

En esta barbarie que se desangra,

que me deseca la razón

y me nubla el juicio,

solo atisbo mujeres preñadas,

con un terrible dolor a cuestas;

sus vientres henchidos de lágrimas,

penando que nunca darán a luz,

que una puñalada los ha apagado.

Sin palabras que echarme a la boca,

ante mis doloridos ojos

desfilan hombres sin nombre,

sin patria ni horizonte,

con sus almas arrancadas de cuajo,

llevando entre sus brazos

criaturas con sus vidas sesgadas,

ejecutadas a golpe de plomo.

Este espanto que me atenaza

apenas si me deja ver en sombras

tierras baldías que se agrietan,

rezumando un hedor a muerte,

casas y recuerdos que se derrumban,

un cielo envuelto en nubes de pólvora,

paisajes ardiendo en llamas

que se van reduciendo a cenizas.

Me he quedado sin palabras.
El horror las ha borrado todas.

Solo me quedan gritos mudos

que tal vez no se escuchen,

murmullos estériles

que imploran de rodillas

que se detenga aquí y ahora

esta locura sanguinaria.

A las víctimas inocentes de Irán y Palestina

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