Se me rompió la noche de las letras
y ahora navego perdida,
sin palabras.
Las musas huyeron, naufragaron
en silencio
en esta pesadilla literaria.
Me abandonaron las musas
caprichosas, volubles,
libertarias…
y me dejaron huérfana
de adjetivos y pronombres.
Corrí tras de los verbos,
los adverbios,
sustantivos, conjunciones…
Me refugié entre los vocablos
escapados de mis libros,
en los saltos de línea
mayores y menores.
Me escondí, con los puntos finales
persiguiéndome.
Galopé hacia el final
de mis puntos suspensivos…
Me busqué y no me encontré
entre las obras completas de Machado
anhelando una metáfora.
Recorrí como una loca
sus Campos de Castilla.
Sollocé entre Rimas y leyendas
atrapando sinestesias.
Pisé los versos
del Rayo que no cesa.
Crucé la Mancha en el flaco rocín
de la prosopopeya.
Bailé con Lorca, amargo,
al son del triste llanto de guitarra.
Caí en la trampa vacía
de las feroces interrogaciones
y Ángel González
me partió en dos, con una pausa explicativa…
y una aposición.
Me hice mayúscula en un atardecer
de mayo
y la pena negra me asaltó
en la mañana blanca, de escarcha subrayada.
Merodeé por los senderos
de renglones desiertos
sin rumbo ni destino.
Me abrazaron imposibles caligramas
de blandos versos derretidos
escurriéndose en mis manos.
Me acostumbré
a las exclamaciones de dolor,
de sangre y río
de miedo y frío, de pájaros huidos.
Me encarcelaron
dentro de un paréntesis
con final interrumpido.
Y me olvidaron entre el margen
y la página siguiente.
Me convertí en la nota menuda a pie de página.
Y en un barco de Alberti…
zarpé de nuevo
por océanos y mares infectados
de minúsculas negritas
recorriendo entre sus olas, palabras sin sentido.
Me rebelé contra la ortografía
que te encadena
respirando aires en la prosa de Cervantes.
Y con la letra Z luché a trazo partido
contra gigantes y molinos.
Y las palabras me tragaron por completo…
Sobreviví entre torcidos renglones
y comillas
con una exclamación clavada
en el costado.
Pasé página cuando no debía
y me asombraron
los dos puntos con cedilla.
Seguí vagando perdida entre poemas
inconclusos
con tachones indelebles
y rotundos.
Me acostumbré al ruido, al silencio
y al lirismo
de poetas y juglares de las comas.
Del borgiano Aleph, yo fui superviviente
y fui otro sueño entre los Sueños
de Quevedo…
Desfallecí
en una Historia interminable
de negros asteriscos que pinchan
a impertinentes y curiosas interrogaciones.
¡El corrector me devolvió a la vida!
¡Exhalé mil variopintas interjecciones!
Y, exhausta,
amanecí de nuevo
entre las páginas
en blanco de un poema…
sin palabras,
sin historias,
ni guiones.
(…)

(Y la noche fue larga…
)
(Un poema en clave de humor retocado y actualizado, que publiqué en marzo de 2019 en el antiguo Poémame.)
Pintura: “Libro transformándose en mujer desnuda” (Dalí, 1940)





