Renunciaré, tan sólo, al roto sueño,
en esa cicatriz que deja el beso
que duele sin motivo, en el receso
de las tercas palabras sin empeño.
De nada fui culpable, y no desdeño
la dicha que ha dejado mi regreso;
el dulce acabamiento, el retroceso
de la muerte y su trágico diseño.
Quizá tenga sentido la tristeza
que la vida nos pide , la belleza
de una palabra oculta entra las rosas.
Sólo nos queda el tiempo de la nada,
la amarga enredadera devastada
donde han envejecido tantas cosas…