Eres del alba la reina profana,
digna y solemne, doncella lozana.
Dríada esbelta en el valle soñado,
flor que ha brotado del árbol sagrado;
eres guardiana del bosque encantado.
Mueve tu magia la savia temprana,
bajo la luna tu hechizo desgrana.
Ramas susurran al viento silente:
cántico etéreo en el aura latente,
puro y divino al fulgor del poniente.
Es terciopelo tu voz soberana,
eco celeste de blanca mañana.
Hay filigrana en tus verdes vestidos,
bordas con hojas antiguos tejidos
flores que adornan etéreos nidos.
Corre en tus venas la savia pagana,
claro matiz de cristal y fontana.
Suave es tu piel como pétalo terso,
dríada hermosa del bosque disperso;
yazgo en tus ojos, cual trance, yo inmerso.
¡Ojos claros de avellana,
no me dejes de mirar;
pues si tu luz hoy me falta,
se duerme el bosque y el mar!