Blasfemo.
De tu evangelio
yazgo
muerto de miedo;
arde para mí
el perdón
en la otra calle, suicidamemte.
Miro de reojo la llaga dadá.
El pan mío en la mesa tiene buenas intenciones.
-La carne es débil que me culpo-
Para que existas
hice
una cruz apátrida
en el corazón de poeta.
Mi alma como sacrificio, que
muerto el poema
suele
el sueño desmoronarse.
Fugaz
esperanza.
Antagónico, me excuso
demasiado cerca
para ser
un milagro.
Hay cosas más horribles
cómo
volver a la tierra
y
resucitar
dentro de un ataúd.
Me excluyo.
