Que no cabo

Que no, cabo,

que yo, cabo,
ya no puedo,
ya está bien.

Yo si suelo, que no suelo,
tengo suelo yo, mi cabo,
que lo que se dice cabo
ya no está ni bien ni mal, mi cabo,
ahora, al fin, es solo un cabo,
solo un pequeñito cabo,
estirado, el que siempre
he contemplado desde aquí,
desde mi suelo,
Ese suelo que ,ya no
no uso cabos yo ya no,
no está suelto el suelo, no,
que lo tengo de mi cabo
pero acabo, y digo yo
que por fin te tengo yo
donde quería, mi cabo,
y tengo el suelo escapado,
y ahora es llano, ya mi suelo,
y este sueño ya, mi cabo,
compartir juntos el suelo
que yo tengo y ya no suelo
ofrecerlo, al fin y al cabo,
que ya no, mi cabo, ya no,
y así, como se lo digo,

asi te lo digo yo.

Por no caber, ni cavo.
No cavo yo, ni suelo.
No, mi cabo. Ya no.
Llano y sueño, yo el suelo,
que le enseño yo mi cabo, cabarrón,
desde donde ya no hay pelo
hasta el cabo que usted quiera,
que se estrellan las parcelas
de mi frente contra el cielo,
contra el suelo,
ese suelo que yo suelo
fregar bien, por supuesto,
todo el suelo
me es risueño,
tantas veces en mi empeño
me hago sueño de soñar,
tan risueño que lo sueño
tantas veces porque sueño
lo que se dice sueño,
y no suelo
interpretar,

nuestros sueños,

ni los sueños elevar
más allá del mismo suelo
al que tengo que llegar
hasta el fondo y ya no puedo,
en el fondo, llevar más
yo las cosas al extremo
de esa parte
pequeñita

de algún alguien,

o minúscula persona,
que me toca
por mi cabo,
sí, mi cabo,
que me quema,
que se asoma
a la zona de ese suelo,
de mi suelo
que se acaba ya,
mi cabo.

Suelo…

Aunque suele estar en venta
yo lo tengo por el mango
y tú, también, conmigo tienes
las sartenes por el suelo,
con cuidado, por el mango
compartimos la cocina
mientras nos hacemos algo.
Y así tengo yo mis huevos,
en sartenes por el mango
que, aunque juntos, las tenemos
controladas en cocina,
ya no puedo, yo, mi cabo,
sujetar yo todo el suelo
que está del lado de mi cabo,
todo el suelo, con sus cosas,
y las cosas que ya tengo
pero faltan,
faltan.

Huevos.

Sí, mis huevos.

Son los huevos de mi seda.
Y hay gusanos en mi suelo,
y no es malo, que son ellos
los que viven en mis huevos
y transforman a la seda,
esa seda que es mi seda,

es seda,

que ni China ni vecina
me la compra,
esos huevos,
nunca han estado en venta,
por mis huevos no se paga,
que no es cara ya la cosa,
que no es nada, que no es cosa,
no, ni un huevo.

¡Y un huevo!

Ni siquiera un solo huevo
se me sale de mis tiestos
sin permiso, no, mi cabo,
no es el suyo el que requiso,
ni su honor, de cabo a rabo,
el que requiero,
ni, mi cabo, es lo que quiere,
no mi huevo.
No está en venta.

Son mis huevos.

Mis gusanos.

Es mi seda.

Sí, mi seda.
Y mi seda.
Ni se da, ni se quita.
Solo se vende.
Es mi seda. Y esa sí.
Es así, pequeñita,
como vendo la cosita
más bonita que yo tengo.

Es mi seda.

Y esa vendo,
no mis huevos.
No mis huevos, no, mi cabo,
No. Mis huevos no los vendo.

Sí mi seda, mi cabo.

Se la vendo bien vendida
y será bien vendada
y, si hace falta, vender seda,
se la doy a quien yo quiero
y si usted así prefiere
se la vendo yo, mi cabo,
a usted mismo,
aquí mismo,
que me lanzo…
y usted compra.

Si, me compra

pero no a mí. Claro.
Solo vendo mi seda.

Mis pequeños y minúsculos
colores en matices que, ni en vano,
ni de golfo ni de cabo,
ni siquiera mis gusanos
son capaces
ni aprendices
de sacarme los colores
como solo tú lo haces,

sí, mi cabo, tú

Son las cosas que me dices
sí, mi cabo, me lo dices
y lo dicen tus colores,
con tus órdenes
en húmedos matices
que bebo de cabo a rabo
y yo solo me lo acabo
de ponerlo entre las cosas
de valientes mariposas
que me vienen y me hacen
las hermosas
fantasías
que te debo,
yo lo pago,
si, mi cabo.

Fantasía.

Tengo huevos.
Ya de dije que lo hago
colocando mis gusanos
en sartenes que están frías
donde pongo mis razones
y en los huevos melodías
que me bailan los gusanos,
y no te lo digo en broma.

Son gusanos

lo que somos,
cara al viento,
de la mano,
sin manías.

Que, mi cabo,

con tus notas,
mis gusanos en los trajes
de tu armario hasta mi ropa
satisfaces sin disfraces
y te digo,.
creo que ya, sin rodeos,
que hace tiempo que he venido
a explicarte lo que pido
y no es a ti.

No, mi cabo.

No es a ti.
Ni es a mi.
No queremos nuestros huevos
en sartenes de otras ventas.

Sí la seda,

Los colores
de gusanos,
de muchísimos minúsculos
gusanos que mezclamos
en la seda,
que solo mezclamos seda.
No los huevos. Por supuesto.
Que yo, hasta les pongo nombre.

Y los amo.

A mis gusanos. Por supuesto.
Digo que amo a mis gusanos.
Y eso siempre se celebra.

Mi resumen, hasta ahora:

En sartenes pongo huevos
que no vendo, yo en el suelo
ni mi cielo, ni mi hebra,
pero el hilo de mi seda
es el asunto
que en la seda es lo que unto,
y hasta mato o remato
lo que quieras que me digas
que te hago yo de todo,
todo pierdo sí hace falta
y no pierdo nunca el hilo
de mi seda,
la más alta flor que tengo
en la tierra que me salta
hasta los ojos,
de tu mano,
con tu seda,
yo me pierdo…

pero no.

Que no, cabo,
No me pierdo.
Que mi seda,
es de mi seda,
que se da
en cada gusano
y se queda.
Y me quema.
Que me quema, cabo,
que me quema,
dentro, entera,
con certeza verdadera
esa llama, puñetera,
de ser yo el padre gusano
y lo que sea,
que se ahogan mis gusanos
en los mares de tus dudas,
porque yo dudas comparto,
pero no todos los días,
al contrario, que me muero
y yo mato
por su seda,
que yo soy lo que más quieras
si me tocas a mí seda,
mis gusanos,
y mis huevos
por el suelo
a tus pies.

Acabo
y no acabo, mi cabo.

Ya no, no acabo.
Ni acabo, ni a rabo.
Ni abogado con arrobas,
mírame,
si a mí me robas
o tropiezas con mi seda,
que esa seda si se vende,
y se paga a lo que vale,
y lo vale todo, cabo,
porque he visto que es de seda,
la que se da en nuestro sueño
y pretendo yo en mi sueño
plantearme con usted,
si, mi cabo, con usted,
esa seda,
nuestra seda,
Por si se da,
sin más,
es seda.

Y la seda sí se vende.

Que yo no.
ya no.
Yo soy llano.
Llano, cabo,
se lo digo
te lo digo,

Yo no quito,

no te quito
ni el momento,
que me pones
los gusanos por el suelo,
me los tocas,

y mis huevos,

ni siquiera yo los toco,
que solamente los pongo
solo el foco de tu seda.
Ese foco
que a mí ya me volvió loco
cuando lo perdimos juntos
sin soltarnos tú de mí,
yo de mi cabo,
el foco que se descompone
de este loco hasta tu seda
como la de aquel concierto…
Se cae el universo
sin razones
suficientes, mis sartenes
para darle yo a mis huevos
carne para mis gusanos.,
carne del contribuyente
que te doy yo, por mi cabo.

Sí, mi cabo,

si, me tocas,
bien los huevos,
bien mi sueño,
pero tocas, o me tocas.
Y yo noto que me tocas.

Y me quitas

de tomar café y, te rías
de todo lo que tu quieras
o me digas, con estilo,
casi de cualquier manera
que me compras…

¡Que no!, mi cabo,

que no acabo mi café
ni, al cabo, la poca fe
que poco, cabo,
me hace falta ya perder
para darme por perdido.

y hasta afonico

me he ido convencido,
he vendido yo verdura
y me he vuelto, que he venido,
pero no.
Ya no.

Yo soy llano.

Castellano.

Tengo suelo en esta parte
y un castillo para darte
lo que quieras, pero suave,
que no acabo de afeitarme
ni de amarte en esta esquina
y me alumbras la cocina
con las velas que tú tienes
y en tus venas mis sartenes
con mis huevos se cocinan
por el suelo,
por el mango
las tenemos…
Sí, mi cabo.
Las sartenes por el mango.

Por el mango,

que me tienes todo manco
No presumo, solo ardo.
Ni con humo en mi ventana
yo no fardo de lo gordo
ni lo arduo, solo ardo.
Y a las ramas yo me ando
por mi suelo,
que está en venta
o en mis huevos
o no lo meto yo en vereda
ni gusanos en mi tierra
asi, de cualquier manera,

sin medirlo.

Que está en venta y no…
Que no vengo
yo a ti suelo
hasta mis ventas,

que, por lo que más quierad,
que no se apague tu faro,
que siempre llegue hasta mi
ese sabor de tu costa
esos almendros en flor,
esos rechazos aposta
para luego darme todo.

Absolutamente todo.

Todo el tiempo,
todo mío,
todo nuestro
puto tiempo,
me me duele el de mi cabo,
pobrecito,
que mareo,
nunca acabo,
que lo tengo yo solito
contemplando mi castillo
pero yo ya no, mi cabo,
ya no quiero yo castillo
castellano.

Es el cariño.

Si, mi cabo. Su cariño
que me ata el alma al suelo.

Es su alma.

Sí, mi cabo,
la que tengo yo en mi suelo
calentando las sartenes
de mi sueño en la cocina.

Toda el alma.

De mi cabo.

Que me arrastra
tu alma tras la mía
siempre atado por el rabo,
del rabito, agujerito de gusano
de la seda, hay, en mi suelo,
bajo el árbol de mis sueños,
mis huevitos,
que son tuyos
si me quieres.

Y si quieres más capullos,
me despido de mi suelo,
de mi sueño y de mis huevos
porque ese, sí, mi cabo,
hace tiempo era todo tuyo,
todo el suelo, los gusanos,
a la porra las sartenes
y las gracias que me tienes
te las dejo en mis capullos,
yo gusano, siempre tuyo,
me despido de mi cabo
nada más, de cabo a rabo,
trago mal y mato moscas
con el rabo.
Pero, ahora,
si tú quieres

nuestra seda,

pues, ya sabes,
ven conmigo,
si, mi cabo,

ven conmigo.

O te quedas una vida
debatiéndonos el cobre
que pongamos en sartenes
para el tema… de la seda.
Esa seda, ya tú sabes, mi cabo,
A ti seda yo me agarro.
Esa para mí se da, no se quita.
Tú hace tiempo que la tienes,
cabo mío.

Te la cambio, como ahora,
no tan vacío, mi cabo,
porque hemos compartido.

Marco Polo de vainilla
si te vienes a mi cabo.

¿He dicho cabo?

!No!

Que yo no, cabo,

que yo ya no.
Llano, cabo,
castellano.

Y yo ya estoy.

Y, una cosa
aquí cabes, mi cabo,
pero… ya sabes.

Que en mí, en mi suelo,

y hasta el cielo…

beso el suelo
que pisas con seda
si me sueltas,
muy fuerte,
y me desatas,
a mí, mi cabo,
y desatas mi cabo…

hasta el cielo.

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¡Bravo, @abeloid ! Cómo juegas con las palabras, qué maravilla… ¡y qué envidia! Me ha gustado mucho. Y por cierto, la extensión del poema se disuelve a golpe de ritmo haciéndolo ameno. Muchas gracias, Abel.

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¡Muchísimas gracias a ti!
Es un honor y para mí una tremenda alegría.
Un abrazo.

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Tremendo amigo!! :clap::clap::clap::clap:

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¡Gracias de corazón!

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