Todo es tan rápido.
Las letras derramándose infinitas
en el espacio florido de mi mente
como lluvia sobre los difuntos pétalos que adornan
las flores marchitas olvidadas sobre las
cuarteadas losas de algún camposanto.
Todo es tan lento.
El tiempo que se escribe ante mis ojos
con los trazos torcidos de un parvulo
cuya vida se despliega ante unos ojos nonagenarios
ubicados en algún mañana,
ocultos tras una alocada esperanza en un sol
que nunca atravesó las nubes.
Hay una extraña hermandad entre todas las cosas.
Entre rápido y lento.
Entre las letras y el tiempo.
Entre el sol y los pétalos.
Entre las flores y la esperanza.
Entre el hombre y la muerte.
Muchísimas gracias.