Tú no has querido irte.
Pareces una sombra
que no se borra nunca.
Regresas a mi lecho
cuando quieres cariño
y tengo mil palabras
con un corazón limpio.
Estoy sola y me dices
que quieres mi refugio
y yo te abro mi puerta
como si fuese un nido.
Vienes y aquí me encuentras.
No sé por qué te escucho
como canción lejana
y tus pasos custodian
el rumor infinito
de tu presencia eterna.
¡Tú no has querido irte! –
Antes estabas lejos
y te trajo… la tarde.