¡Por favor, fuerza de voluntad!

Brota desde los dominios de la nada y a mis urentes ocasos, ¡despide, por favor!, que mi escalar amordazan. Con diligencia y amabilidad, ¡despide, por favor! No se irán; te echarán. ¡Y verás por qué hacerlo no puedo! ¡Y sabrás por qué te quiero! Revélales, ¡por favor!, tu estoque de vigor. Esgrime tu fuerza infinita; ¡socórreme una vez más! Edulcora, ¡por favor!, a sus vampiros, que mi sangre se acaba y se acaban mis latidos. Penetra sus almas, si han de tenerlas —por favor—, y vierte el bálsamo que mi sudor preparó; entenderán que el arcoiris colores tener debe. Permíteles, ¡por favor!, advertir que tras los albas también se puede vivir, que resuenan canciones de victoria eterna y que los gritos de resiliencia y persistencia, finalmente, serán escuchados. ¡Por favor!, que lo nigérrimo de mis ayeres, se hacen mis mañanas. Mañanas de muerte; ¡mejor morir hoy! Dime, ¿fenecerá el ayer o yo? ¡Por favor!, nunca yo; al menos no así.

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