¿Qué le contamos al mar si la luna se desvela?
¿Qué hacemos con las mareas?
El aire sopla y se hiela
y nadie lo está mirando.
El mar es demasiado sensible para saberlo,
es demasiado oscuro para gustarse
sin la luz que lo ilumina
que lo colma de sentido.
Qué agotadora es el agua
nadie nunca supo si flotando se hundirá.
Se va a dar la vuelta el mar,
Pobre mar.
Antes de la luna no había brisas
ni arena quieta
ni olas que se rompían.
Se va a dar la vuelta el mar,
Pobre mar.
¿Qué le vamos a explicar?
Que su trabajo lo pudiera hacer un río,
o un lago sin tormenta,
y la única diferencia fuera la sal.
Y la sal corta las pieles
que agrietadas se rebelan
exigiendo suavidad.
¿Cómo vamos a contarle
que la Luna se ha marchado?
le decimos que está enferma
que no ha podido
que se ha perdido
que llega tarde.
Cuando en realidad se ha ido
para no regresar nunca
porque no soporta el ruido
que las olas que provoca hacen al volverse arena.
Cuando en realidad prefiere vivir de día
y beber el agua que recorre cada esquina
de la sinuosa lagartija,
de sabor dulce, impoluto.
Cuando en realidad se ahoga,
cansada de darle vida a quien sin ella, sólo es oscuridad,
cuando en realidad está huyendo
de la irritante esencia, la sal.
