Yo no sé si ya tu olvido
arrancó de lo ponientes
la suma de nuestros pasos
que dimos por la ciudad
o si el ancho de los pozos
de tus ojos diferentes
al cerrarse como un libro
no me vieron nunca más.
Así, las noches te nombran
con cada foco vacío
de un camino sin promesas
que en las piedras se perdió.
Porque el cielo al que miramos
ni fue tuyo, ni fue mío
y será lo que por siempre
se divida entre los dos.
Esta tarde se ha nublado
y ya no me queda nada,
pues el tiempo que vivimos
con tu fuga ya se fue…
Y al sentarme en ese banco
con el alma atormentada
susurré bajo la lluvia
tu nombre una última vez.