Dime de tus ojos cansados de elefante
que recuerdan tus cicatrices más profundas:
cuando te robaron tu infancia-marfil
o la última vez que besaste a tu madre-culpa.
Háblame de tu piel tosca y terrosa
que te protegió de los fuertes pluviales.
Veo que tus rasguños ya no los quieres
intentas venderlos al que más te hirió
sin desgracia, ni rencores.
Y de tus orejas, qué no habrán escuchado ya
mismas escudadas de la realidad
creando fantasías con el ruido que te rodea:
el fuego, la pólvora, y el hierro
esperanzas, promesas, y una mañana.
Pero cargas con divino cuerpo golpeado,
no solo de magulladuras, sino de sensaciones,
para traer las tortillas a tu casa.
¿Qué esperaré, si no nos encontramos bien?
¿Qué esperaremos, si enajenas tu persona?
¿Qué esperarás, si no te encuentras mañana?
Dime, de tus ojos cansados de elefante.