Te llevo en el silencio, amor perdido,
cuando la tarde enciende su agonía;
los años pasan, pero todavía
tu nombre sigue dentro del latido.
Guardo la paz de todo lo vivido;
fuiste mi luz, mi gozo, mi alegría,
te pienso cada noche, cada día:
tu amor no cabe nunca en el olvido.
Aunque el tiempo me cubra con su sombra,
y cuando el mundo entero se derrumba,
mi voz, ya sin aliento, sí te nombra,
sin que mi fe por ti jamás sucumba,
pues este amor, tan viejo y fiel, me asombra,
y por él te amaré hasta la tumba.