Baila el viento con hojas doradas,
un vals suave en las ramas cansadas.
El otoño despierta, sutil y sereno,
tejiendo en la tierra un sueño pequeño.
El sol se desliza, tibio y callado,
acaricia la piel del bosque encantado.
Rojos, ocres, un lienzo fugaz,
pintan los árboles su última faz.
Susurra el río, entre risas y espuma,
mientras la tarde se pierde en la bruma.
Cada hoja que cae, un secreto al azar,
un cuento del tiempo que no ha de parar.
Oh, otoño, guardián de promesas sutiles,
de días dorados y noches gentiles.
En tu abrazo la vida se tiñe de calma,
eres magia, eres verso, eres canto del alma.