Hay antónimos que riman con ninguno,
momentos donde estar a solas y perdernos…
No declino de pensar en ti,
a menudo, siempre…
en el ocaso de mi sensatez,
cuando me quiero morir para encontrarte…
Henos aquí,
libros abiertos con letras indescifrables,
feromonas de sonidos áureos,
equinoccios recalcitrantes,
el arpa morada que implora de las tardes
te rescate de esa cama tan grande,
de la niebla de madrugada
y de los orgullos que no cedemos,
sinastria de un sol que dibuja tu piel invisible
y la medida ardiente de tu cintura
sobre el viento frio -
que te consume y palidece.
Todo fue un sueño,
el membrillo que reaparece,
la mariposa monarca, el día de muertos,
la luna roja donde cabemos junto al conejo,
cosechas de poemas que se ahogaron,
donde la alcurnia de tus labios
falsearon relojes asesinos,
que te esperan -
al fondo del mismo y deprimente bar con café cargado,
una lluvia de lujuria en el mediterráneo,
la pluma de un vencejo en tu hombro mientras marcha.
Hojas secas si te extraño,
madera quemada si me extrañas.