Tengo un plan.
Desbrozar un camino
que me lleve
a la cumbre de cualquier sitio.
Abrir las alas,
soltar amarras
y alzar el vuelo
como lo hiciera un albatros.
Trepar árboles que lleguen al cielo
por las mañanas.
Salir a cazar abrazos irrepetibles
a media tarde
y pisotear los sueños fracasados
al anochecer.
Ah, por último,
descansar
en un vientre de amapola,
aspirando su aroma esencial.
Creo que esto
huele
a comienzo.