Mira el palacio de calles desiertas,
de casas hundidas, de muros quebrados,
de ojos mojados, de manos caídas.
Porque la realidad ahora no es más que esto.
La noche que cobijaba nuestros sueños,
abandonó su vestido de encaje
para convertirse en un lugar muy frío,
como un deshielo clavado en los huesos.
Ahora los dos estamos estancados
en un espeso silencio,
mientras un viento oscuro grita
que todo lo que ha ocurrido alguna vez
ocurre para siempre.
Echo tanto de menos tenerte,
que la música de mi respiración
empieza a dejar de tener sentido.
Por eso, imploro a un dios en el que no creo
para que logre que se queden las cosas que se van,
y coloco en la mesa
un mantel blanco con sal en las esquinas,
un vaso de agua fresca,
una cruz de cuatro velas,
incienso, hojas de hierbabuena,
trigo, un frescor de fresas,
también flores y una infusión de menta.
Aquí, encima de los escombros
de todas las catástrofes,
te entrego mi ofrenda
para que vuelvas.
Mil gracias siempre, @alda_pascuzzo. Realmente, me inspiré en la tradición mexicana y su manera de encarar la ausencia. Me alegra que hayas disfrutado de la lectura. ¡Abrazos!