Ocaso de vida
Vigilia no ceja cuando la vida
lucha en sordo y constante remolino.
Quema como fuego el tiempo inerte,
el cuerpo se abandona a su desdicha.
Sudor helado lo embriaga
y languidecen los ardores.
Llega la calma, hecha hielo,
y en el pecho abre un vacío.
Ni dormida, ni despierta,
en el umbral del sueño
se sepultan las raíces.
Sin luces, voces, colores, olores.
La nada y solo la nada
extingue finalmente la vigilia.
Son nubarrones que arrastran
conciencia y sensaciones.
No hay sol, luna, ni lluvia,
no hay historia, sí despojo.
Llega el sueño como asalto,
la vida ausente, se desprende.
La vigilia marcha en alas negras
y te abrazas a la tierra que es origen.