Me hubiera gustado,
terminada mi vida,
morir en tus brazos,
cosechar tu semilla,
y tener tu mirada
detenida en la mía.
Me hubiera encantado,
terminados mis días,
renacer en tus sueños,
vivir otras vidas,
y guardar la esperanza
de tenerte otro día.
Las vidas pasan,
las promesas se pierden,
las palabras se olvidan.
Me hubiera gustado
respirar a tu lado
sin morir cada día.
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Este verso sin nombre sí posee un nombre, un nombre que fue para mí sagrado. Prefiero ocultarlo bajo este manto hecho de recuerdos y palabras.