En mis noches vacías, sin sueño,
busco recuerdos lejanos,
tan lejanos están
que casi los he olvidado.
Veo caminos retorcidos
con bajadas y subidas,
entre piedras y zarzas
hay una flor que me mira.
Quiero coger la flor,
pero las zarzas se clavan
en mi mano, en el corazón y en el alma
y no me la puedo llevar.
Llorosa queda la flor,
llorosa queda mi alma
al tener que dejarla
tan sola y abandonada.
Esta flor es parecida
a otra que conocí,
que descansa en los cielos
pero pronto estaré allí
y no habrán piedras ni zarzas
que nos puedan separar.