Se abren paso,
los famélicos momentos ,
entre tanto desperdicio.
Se derrumban los castillos de naipes
y vuelan
cual mariposas sin alas,
por los cetrinos cielos
sin día ni noche.
El arcoíris de grises,
titubea en el rango claro.
El horizonte pinta un ocaso viejo
sobre un fondo perdido.
Solo sobreviven las “poemapalabras”
entre tanta cacofonía.
Dile a la hoja blanca
que me espere…
volveré cuando rompa en pedazos
todas las costuras que me oprimen.






