No se lava

La culpa se hace humo,
espirales que trepan y se enredan en los huesos,
se incrusta hondo,
no se lava.

Mi alma es ceniza,
restos grises que esparzo
sobre el asfalto helado.

¿Por qué no abrirme
para que el humo me atraviese,
para que se lleve lo que sobra?

La ciudad ruge:
bocinas, motores hambrientos.
Todo arrastra.

Pero una brasa se niega a morir:
el cigarro arde,
algo pulsa feroz,
impulso vivo,
dolor que deviene conciencia,
y en él, la vida que no cesa.

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La culpa no se lava. Profunda poesía.