Mis días ya no son días, mis noches tampoco lo son desde el instante, que entre las montañas y el cielo, enterré su corazón… y el mío. Un día nos vimos, me miró, la miré y la seguí. No hubo palabras, ya todo estaba escrito. Nos gustaban las mismas cosas: las puestas del sol, el amanecer, de la noche las estrellas y del día la LIBERTAD. Cuando la tarde declinaba íbamos a una montaña, y desde su cima con nuestro pensamiento rompíamos las fronteras. Pero, un día se oyó un ruido seco y una bala perdida rompió su corazón. Y como el día que la noche oscurece así se fue su vida, ¿ qué hago yo vida mía si tus ojos no me miran ? Recuerdo tu cuerpo erguido de aquel día que ya jamás se levantará y que con tu caída se arrastraron mis deseos de luchar. Vivir sin tu vida no puedo, irme
junto a ti deseo, llévame a tu lado, amada mía, que cada día que pasa sin tener tu compañía es morir poco a poco en dolorosa agonía. Te quiero porque te quiero, te amo con desesperación, mi vida no tiene sentido sin el latir de tu corazón. Pero te quiero recordar con el cuerpo erguido, la mirada noble y la cabeza altiva. Tengo un machete en la pared de mi despacho, es el de ella. Cada vez que lo miro pienso que se fue por la LIBERTAD.
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