No me encuentro de niño.
Mi pecado penetró por la ventana
con excusas que no me pertenecen,
la inocencia se mudó de cara,
no me encuentro entre juguetes.
Ni peonza girando en la mano,
ni rayuela pintada en el suelo,
ni una imagen prendida de un marco
deteniendo el tiempo.
No me encuentro de niño.
El que siendo no fui, ya no vuelve.
Deseando que allá donde fuere
reencuentre su sitio,
y en sus manos jamás la inocencia se cierre.
Hoy la arruga es la prenda en mi piel,
no me encuentro de niño.
Coincido con tu búsqueda @JoseAntonio,
No me encuentro ni de adolescente.
«Que pasó con aquel guapo que alardeaba en las esquinas, ni siquiera el sobrenombre sobrevive en la avenida, le quitaron los colmillos, el collar y la leontina» Aplausos
Precisamente Sinmi es ese niño que habitó en mí hasta los cinco años al que llevo buscando a mis cincuenta y nueve años. Dirás que era muy joven para acordarme pero te diré de qué todo lo que me aconteció a partir de esos cinco años me ha quedado marcado tanto en la retina como en el alma.
Un abrazo muy fuerte amiga poeta.
Te voy a contar algo de mí amigo Domingo, desde los cinco años hasta los dieciséis, mi vida transcurrió de internado en internado. Jamás he cuestionado a mis padres por ello. Pero en mis primeros años de internado me preguntaba muchas veces que pecado habría cometido para semejante castigo. Cuando fui creciendo pude entender y comprender que llevaron a mis padres a tomar semejante decisión. De esos años me he llevado lo bueno y he aprendido de lo malo, pero al niño que realmente a día de hoy estoy buscando es al que se quedó olvidado, aquel que vivía en mí antes de mis cinco años, y al que dedicó este poema.
Un fuerte abrazo y eternamente agradecido por tus comentarios.
Claro que te lo permito Antonio, con estos tres versos has clavado lo que me ha llevado a escribir mi poema.
De verdad Antonio, lo has clavado.
Muchas muchas gracias por estos tres maravillosos versos tuyos.
Un fuerte abrazo.