La nieve cruje con cada paso.
Huele a campo,
a madera quemada.
El cielo gris
se desprende de copos
que caen persistentes,
empujados en ráfagas
por el viento
que hiela los tejados
y quiebra las ramas a su paso.
Láminas de hielo
enfundan las huellas de unos pasos.
Nieva sobre los álamos,
sobre el fruto de los acebos,
sobre los robles que se juntan
para protegerse del frío.
Nieva sobre la nieve
que ahora contemplo
a través de mi ventana.
El viento suena como un quejido
de porcelana templada
a punto de quebrarse.
Se abre el sol por poco tiempo
entre jirones de nubes oscuras.
Me entrego al abrazo
del primer rayo cálido.
Surge la alegría.
Comienza el deshielo.
Escapo de la niebla.
Respiro.