En su casa de susurro quedaba la niebla, como un conflicto existencial donde la memoria procesa confusión en la memoria y se acrecienta la duda en divino/teológico como un sueño no muy claro. Aplaudo. Muy bien logrado.
Salamanca, no sería nunca esta Salamanca de ahora sin Unamuno…su memoria quedó impregnada en la Universidad, sus calles y plazas, con su bastón y su sombrero y los ojos de “Niebla”…
Magnífico homenaje le has hecho!
Yo tengo también algún poema publicado dedicado a él.
Un saludo, Selene!
Muchísimas gracias María, me alegra compartir contigo esa admiración por Unamuno (voy a buscar ese poema que me comentas).
Ha sido un placer leer tu comentario.
Saludos